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Fracturas: Tipos y Tratamiento

La palabra «fractura» implica la rotura de un hueso. Un hueso puede fracturarse total o parcialmente y suele producirse por un traumatismo debido a una caída, un accidente de tráfico o un deporte. El adelgazamiento del hueso debido a la osteoporosis en las personas mayores puede hacer que el hueso se rompa fácilmente. Las lesiones por uso excesivo son una causa común de las fracturas por estrés en los atletas.

Los tipos de fracturas incluyen:

  • Fracturas simples en las que los trozos de hueso fracturados están bien alineados y son estables.
  • Las fracturas inestables son aquellas en las que los fragmentos del hueso fracturado están desalineados y desplazados.
  • Las fracturas abiertas (compuestas) son fracturas graves en las que los huesos rotos atraviesan la piel. Este tipo de fractura es más propensa a la infección y requiere atención médica inmediata.

Fracturas en bastón verde: Se trata de una fractura única en los niños que consiste en la flexión de un lado del hueso sin que éste se rompa.

Curación de las fracturas

Nuestro cuerpo reacciona ante una fractura protegiendo la zona lesionada con un coágulo de sangre y un callo o tejido fibroso. Las células óseas comienzan a formarse a ambos lados de la línea de fractura. Estas células crecen unas hacia otras y cierran así la fractura.

Terapia médica

El objetivo del tratamiento de fracturas es controlar las hemorragias, prevenir las lesiones isquémicas (muerte del hueso) y eliminar las fuentes de infección, como los cuerpos extraños y los tejidos muertos. El siguiente paso en el tratamiento de la fractura es la reducción de la misma y su mantenimiento. Es importante garantizar que la parte del cuerpo afectada vuelva a funcionar después de la curación de la fractura. Para conseguirlo, el mantenimiento de la reducción de la fractura con la técnica de inmovilización se realiza mediante métodos no operativos o quirúrgicos.

La terapia no operativa (cerrada) comprende la colocación de yesos y la tracción (tracción cutánea y esquelética).

  • Enyesado
    La reducción cerrada se realiza para cualquier fractura desplazada, acortada o angulada. Se utilizan férulas y yesos de fibra de vidrio o material de escayola para inmovilizar la extremidad.
  • Tracción
    El método de tracción se utiliza para el tratamiento de las fracturas y dislocaciones que no pueden tratarse con yeso. Existen dos métodos de tracción: la tracción cutánea y la tracción esquelética.

La tracción cutánea consiste en colocar cintas de tracción en la piel del segmento de la extremidad que se encuentra debajo de la fractura. En la tracción esquelética, se inserta un clavo a través del hueso distal a la fractura. Se aplican pesos a este clavo y se coloca al paciente en un aparato que facilita la tracción. Este método es el más utilizado para las fracturas del fémur.

Terapia quirúrgica

  • Reducción abierta y fijación interna (ORIF)
    Se trata de un procedimiento quirúrgico en el que se expone adecuadamente el foco de la fractura y se realiza la reducción de la misma. La fijación interna se realiza con dispositivos como agujas de Kirschner, placas y tornillos, y clavos intramedulares.
  • Fijación externa
    La fijación externa es un procedimiento en el que la estabilización de la fractura se realiza a distancia del foco de la misma. Ayuda a mantener la longitud y la alineación del hueso sin necesidad de enyesar.

La fijación externa se realiza en las siguientes condiciones

  • Fracturas abiertas con afectación de tejidos blandos
  • Quemaduras y lesiones de tejidos blandos
  • Fracturas de la pelvis
  • Fracturas conminutas e inestables
  • Fracturas con déficit óseo
  • Procedimientos de alargamiento de extremidades
  • Fracturas con infección o sin unión

Rehabilitación

Las fracturas pueden tardar de varias semanas a meses en curarse completamente. Debe limitar sus actividades incluso después de la retirada de la escayola o el corsé para que el hueso se vuelva lo suficientemente sólido como para soportar la tensión. El programa de rehabilitación incluye ejercicios y un aumento gradual de los niveles de actividad hasta que se complete el proceso de curación.

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Fracturas del cartílago de crecimiento

Los cartílagos de crecimiento, también llamados placa epifisaria o fisis, son las zonas de tejido cartilaginoso en crecimiento que se encuentran en los extremos de los huesos largos de los niños. Estos cartílagos de crecimiento determinan la longitud y la forma del hueso maduro. Los cartílagos de crecimiento son más susceptibles de ser dañados por un traumatismo porque no son tan duros como los huesos.

Las lesiones de los cartílagos de crecimiento suelen producirse en niños y adolescentes en crecimiento. En los niños, una lesión grave en la articulación puede dar lugar a una fractura del cartílago de crecimiento en lugar de una lesión de ligamentos. Cualquier lesión que pueda causar un esguince en un adulto puede causar una fractura del cartílago de crecimiento en un niño.

Las fracturas del cartílago de crecimiento son más frecuentes en los niños que en las niñas, porque los cartílagos se convierten en hueso maduro más rápidamente en las niñas. Las fracturas del cartílago de crecimiento suelen producirse en la muñeca, los huesos largos del antebrazo (radio) y los dedos (falanges), las piernas (tibia y peroné), el pie, el tobillo o la cadera durante la práctica de actividades deportivas como el fútbol, el baloncesto y la gimnasia.

 

Tipos de fracturas del cartílago de crecimiento

Las fracturas del cartílago de crecimiento pueden clasificarse en cinco categorías en función del tipo de daño causado.

Tipo I – Fractura a través del cartílago de crecimiento
La epífisis se separa de la metáfisis, quedando el cartílago de crecimiento unido a la epífisis. La epífisis es el extremo redondeado de los huesos largos por debajo del cartílago de crecimiento y la metáfisis es la parte más ancha del extremo de los huesos largos por encima del cartílago de crecimiento.

Tipo II – Fractura a través del cartílago de crecimiento y la metáfisis
Este tipo es el más común de las fracturas del cartílago de crecimiento. El cartílago de crecimiento y la metáfisis se fracturan sin afectar a la epífisis.

Tipo III – Fractura a través del cartílago de crecimiento y la epífisis
En este tipo de lesión, la fractura atraviesa la epífisis y separa la epífisis y el cartílago de crecimiento de la metáfisis. Suele producirse en la tibia, uno de los huesos largos de la parte inferior de la pierna.

Tipo IV – Fractura que atraviesa el cartílago de crecimiento, la metáfisis y la epífisis:
El tipo IV se produce cuando la fractura atraviesa la epífisis y el cartílago de crecimiento y llega a la metáfisis. Este tipo suele producirse en la parte superior del brazo, cerca de la articulación del codo.

Tipo V – Fractura por compresión a través del cartílago de crecimiento:
Este tipo de fractura es una condición rara en la que el extremo del hueso se aplasta y el cartílago de crecimiento se comprime. Puede producirse en la articulación de la rodilla o del tobillo.

Causas

Las lesiones del cartílago de crecimiento están causadas por caídas accidentales o golpes en las extremidades durante actividades deportivas como la gimnasia, el béisbol o la maratón. También pueden ser el resultado de un uso excesivo de los tendones y de ciertos trastornos óseos, como las infecciones, que pueden afectar al crecimiento y desarrollo normal del hueso. Otras posibles causas que pueden provocar lesiones del cartílago de crecimiento son

  • Abuso o negligencia infantil: las fracturas del cartílago de crecimiento son una de las más comunes que se producen en niños maltratados o abandonados.
  • Exposición al frío intenso (congelación) – Las condiciones climáticas extremadamente frías pueden causar daños en los cartílagos de crecimiento, lo que da lugar a dedos cortos y a la destrucción del cartílago articular.
  • Quimioterapia y medicamentos – La quimioterapia para tratar el cáncer en los niños y el uso continuado de esteroides para la artritis pueden afectar al crecimiento óseo.
  • Trastornos del sistema nervioso – Los niños con trastornos de los nervios pueden tener déficits sensoriales y desequilibrios musculares que pueden hacerles perder el equilibrio y caerse.
  • Trastornos genéticos – Las mutaciones genéticas pueden dar lugar a placas de crecimiento mal formadas o que funcionan mal y son vulnerables a las fracturas.
  • Enfermedades metabólicas – Enfermedades como la insuficiencia renal y las alteraciones hormonales afectan al buen funcionamiento de los cartílagos de crecimiento y aumentan la susceptibilidad a las fracturas.

Signos y síntomas

Los signos y síntomas de una lesión del cartílago de crecimiento incluyen

  • Incapacidad de mover o ejercer presión sobre la extremidad lesionada
  • Dolor intenso o molestias que impiden el uso de un brazo o una pierna
  • Incapacidad para seguir jugando después de una lesión repentina debido al dolor
  • Dolor persistente de una lesión anterior
  • Malformación de las piernas o los brazos, ya que la zona de la articulación cercana al extremo del hueso fracturado puede hincharse

En los niños, las fracturas se curan más rápido. Si una fractura del cartílago de crecimiento no se trata, puede curarse de forma incorrecta, haciendo que el hueso se acorte y adquiera una forma anormal.

Diagnóstico

El médico evaluará la afección preguntándole por la lesión y realizando una exploración física del niño.

Es posible que se tomen radiografías para determinar el tipo de fractura. Dado que los cartílagos de crecimiento no se han endurecido y pueden no ser visibles, a menudo se toman radiografías de la extremidad lesionada y de la normal para buscar diferencias que ayuden a determinar el lugar de la lesión.

Otras pruebas diagnósticas que puede recomendar el médico son la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética (RM). Estas pruebas son útiles para detectar el tipo y el alcance de la lesión, ya que permiten al médico ver el cartílago de crecimiento y los tejidos blandos.

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Tratamiento

El tratamiento de las lesiones del cartílago de crecimiento depende del tipo de fractura. En todos los casos, el tratamiento debe comenzar lo antes posible e incluir lo siguiente

  • Inmovilización: La extremidad lesionada se cubre con una escayola o se le puede poner una férula. Se aconsejará al niño que limite sus actividades y evite ejercer presión sobre la extremidad lesionada.
  • Manipulación o cirugía: Si la fractura está desplazada y los extremos de los huesos rotos no se encuentran en la posición adecuada, el médico unirá los extremos de los huesos en la posición correcta, ya sea manualmente (manipulación) o quirúrgicamente. A veces, se puede utilizar un tornillo o un alambre para mantener el cartílago de crecimiento en su sitio. A continuación, el hueso se inmoviliza con una escayola para favorecer la curación. La escayola se retira una vez que se ha completado la curación.
  • Fisioterapia: Los ejercicios, como los de fortalecimiento y los de amplitud de movimiento, deben iniciarse sólo después de que la fractura se haya curado. Se realizan para fortalecer los músculos de la zona lesionada y mejorar el movimiento de la articulación. Un fisioterapeuta diseñará un programa de ejercicios adecuado para su hijo.
  • Seguimiento a largo plazo: Es necesario realizar evaluaciones periódicas para controlar el crecimiento del niño. La evaluación incluye radiografías de las extremidades correspondientes a intervalos de 3 a 6 meses durante al menos 2 años.

La mayoría de las fracturas del cartílago de crecimiento se curan sin problemas a largo plazo. En raras ocasiones, el hueso puede dejar de crecer y volverse más corto que la otra extremidad.

No se trata de uniones

El tratamiento de las fracturas consiste en unir los huesos rotos, ya sea inmovilizando la zona y dejando que el hueso sane por sí mismo, o alineando quirúrgicamente los huesos rotos y estabilizándolos con clavos, varillas o placas metálicas. A veces, el hueso roto no consigue volver a unirse y curarse incluso después del tratamiento. Esto se denomina no unión. La no-unión se produce cuando los huesos rotos no reciben suficiente nutrición, suministro de sangre o estabilidad adecuada (no están suficientemente inmovilizados) para sanar. La no unión puede identificarse por el dolor después de que se haya aliviado el dolor inicial de la fractura, la hinchazón, la sensibilidad, la deformidad y la dificultad para soportar el peso.

Cuando se presentan estos síntomas, el médico puede solicitar pruebas de imagen como radiografías, TAC y RMN para confirmar el diagnóstico de no unión. El tratamiento de las fracturas sin unión puede realizarse mediante procedimientos no quirúrgicos o quirúrgicos.

Tratamiento no quirúrgico: Este método implica el uso de un estimulador óseo, un pequeño dispositivo que produce ondas electromagnéticas ultrasónicas o pulsadas, que estimulan el proceso de curación. Se le indicará que coloque el estimulador sobre la región de la no-unión durante 20 minutos o unas horas cada día.

Tratamiento quirúrgico: El método quirúrgico de tratamiento de la no unión tiene como objetivo

  • Establecer la estabilidad: Se implantan varillas metálicas, placas o tornillos para sujetar los huesos rotos por encima y por debajo del lugar de la fractura. El soporte puede ser interno o externo.
  • Proporcionar un suministro de sangre saludable y tejido blando en el lugar de la fractura: El médico retira el hueso muerto junto con cualquier tejido poco vascularizado o cicatrizado del lugar de la fractura para favorecer la curación. A veces, el tejido blando sano, junto con sus vasos sanguíneos subyacentes, puede extraerse de otra parte del cuerpo y trasplantarse al lugar de la fractura para favorecer la curación.
  • Estimular una nueva respuesta de curación: Los injertos óseos pueden utilizarse para proporcionar células formadoras de hueso frescas y células de apoyo para estimular la curación del hueso.

Fracturas por estrés

Una fractura por estrés se describe como una pequeña grieta en el hueso que se produce por una lesión por uso excesivo de un hueso. Suele producirse en los huesos que soportan el peso de la parte inferior de la pierna y del pie. Cuando los músculos del pie se sobrecargan o se estresan, son incapaces de absorber la tensión y, cuando esto sucede, los músculos transfieren la tensión al hueso, lo que da lugar a la fractura por estrés.

Las fracturas por estrés están causadas por un aumento rápido de la intensidad del ejercicio. También pueden ser causadas por un impacto sobre una superficie dura, un calzado inadecuado y un aumento de la actividad física. Los deportistas que practican determinados deportes, como el baloncesto, el tenis o la gimnasia, corren un mayor riesgo de desarrollar fracturas por estrés. Durante estos deportes el estrés repetitivo del pie golpea sobre una superficie dura provocando traumatismos y fatiga muscular. Un atleta con un descanso inadecuado entre entrenamientos también puede desarrollar una fractura por estrés.

Las mujeres tienen un mayor riesgo de desarrollar una fractura por estrés que los hombres, y puede estar relacionado con una condición conocida como «triada de la atleta femenina». Se trata de una combinación de trastornos alimentarios, amenorrea (ciclo menstrual irregular) y osteoporosis (adelgazamiento de los huesos). El riesgo de desarrollar una fractura por estrés aumenta en las mujeres si el peso de los huesos disminuye.

El síntoma más común es el dolor en el pie, que suele empeorar durante los ejercicios y disminuye al descansar. También pueden aparecer hinchazón, hematomas y sensibilidad en un punto concreto.

El médico diagnosticará la enfermedad después de comentar los síntomas y los factores de riesgo y examinará el pie y el tobillo. Para confirmar la fractura puede ser necesario realizar algunas pruebas diagnósticas, como una radiografía, una resonancia magnética o una gammagrafía ósea.

Tratamiento

Las fracturas por estrés pueden tratarse mediante un enfoque no quirúrgico que incluye el reposo y la limitación de las actividades físicas que implican al pie y al tobillo. Si los niños vuelven demasiado rápido a la actividad que les ha causado la fractura por estrés, puede dar lugar a problemas crónicos como fracturas por estrés más difíciles de curar.

Se puede recomendar un calzado de protección que ayude a reducir la tensión en el pie. El médico puede aplicar una escayola en el pie para inmovilizar la pierna, lo que también ayuda a eliminar la tensión. Se pueden utilizar muletas para evitar el peso del pie hasta que la fractura por estrés se cure por completo.

La cirugía puede ser necesaria si la fractura no se cura completamente con el tratamiento no quirúrgico. El médico hace una incisión en el pie y utiliza fijadores internos como alambres, clavos o placas para unir los huesos rotos del pie hasta que se produzca la curación, tras lo cual estos fijadores pueden retirarse o dejarse permanentemente dentro del cuerpo.

Algunas de las siguientes medidas pueden ayudar a prevenir las fracturas por estrés:

  • Asegurarse de empezar cualquier actividad deportiva nueva lentamente y progresar gradualmente
  • Entrenamiento cruzado: Puede utilizar más de un ejercicio con la misma intención para prevenir lesiones. Por ejemplo, puede correr los días pares y montar en bicicleta los días impares, en lugar de correr todos los días para reducir el riesgo de lesiones por sobrecarga. Esto limita el estrés que se produce en determinados músculos, ya que las distintas actividades utilizan los músculos de forma diferente.
  • Asegúrese de mantener una dieta saludable e incluya en su alimentación alimentos ricos en calcio y vitamina D
  • Asegúrese de que su hijo utiliza un calzado adecuado para cualquier actividad deportiva y evite utilizar zapatos viejos o desgastados
  • Si su hijo se queja de dolor e hinchazón, interrumpa inmediatamente las actividades y asegúrese de que descansa durante unos días.

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